Verónica Ágreda: el futuro pertenece a quienes sepan crear y conectar ideas

La irrupción de la inteligencia artificial, las redes sociales y la hiperconectividad está cambiando la manera en que las personas aprenden, se relacionan y construyen su identidad.
La irrupción de la inteligencia artificial, las redes sociales y la hiperconectividad está cambiando la manera en que las personas aprenden, se relacionan y construyen su identidad. Para Verónica Ágreda, Rectora Nacional de la Universidad Privada Franz Tamayo (UNIFRANZ), estos cambios son tan profundos que obligarán a replantear no solo la educación superior, sino también la forma en que entendemos el desarrollo humano.
Durante una conversación con Carola Capra, directora de Nueva Economía, Ágreda compartió una reflexión sobre los desafíos que enfrenta la nueva generación en un contexto marcado por la incertidumbre, la transformación tecnológica y la creciente influencia del mundo digital.
“Actualmente se habla de un mundo BANI: frágil, ansioso, no lineal y lleno de incertidumbre”, explicó. A diferencia del conocido concepto VUCA, que durante años describió un entorno volátil e incierto, el mundo BANI refleja una realidad aún más compleja, donde las personas experimentan niveles crecientes de ansiedad y fragilidad emocional.
Desde su experiencia trabajando con jóvenes universitarios, Ágreda observa que una de las principales características de esta generación es la búsqueda constante de validación.
“Los jóvenes tienden a autoexigirse mucho y viven en una constante búsqueda de validación”, señaló. Según explica, mientras generaciones anteriores buscaban reconocimiento en círculos reducidos como la familia o los amigos, hoy la validación ocurre frente a una audiencia global impulsada por las redes sociales.
“Antes nuestra validación era la de nuestros padres o nuestro entorno cercano. Hoy los jóvenes están expuestos al mundo entero”, afirmó.
Esta realidad, sostiene, tiene consecuencias importantes en la salud emocional de las nuevas generaciones. La comparación permanente, la presión por cumplir estándares muchas veces inalcanzables y la necesidad de aceptación contribuyen al aumento de la ansiedad, la frustración y la baja tolerancia al fracaso.
“Se autoexigen demasiado y tienen poca resiliencia. No aceptan fácilmente el fracaso ni la espera. Quieren resultados inmediatos”, explicó.
Sin embargo, Ágreda también identifica fortalezas importantes en esta generación. Considera que los jóvenes actuales poseen una sensibilidad social mucho más desarrollada y una mayor conciencia respecto a los grandes desafíos globales.
“Ellos tienen mucho más presentes los valores que necesita este mundo”, aseguró.
Cambio climático, derechos humanos, diversidad, igualdad, protección animal y sostenibilidad forman parte de las preocupaciones cotidianas de miles de jóvenes que, aunque muchas veces no participan de manera tradicional en la política, sí buscan generar cambios desde otros espacios.
“No les es indiferente lo que ocurre. Simplemente lo manifiestan de otra manera”, sostuvo.
Para la académica, esta generación ya no piensa únicamente en problemas locales, sino que se siente parte de debates globales que trascienden fronteras.
“Los jóvenes están más compenetrados con la problemática global, incluso más que con la problemática local”, afirmó.
En este contexto, la educación enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia. Ágreda considera que el modelo tradicional basado en la transmisión de conocimiento está llegando a un punto de inflexión debido al avance acelerado de la inteligencia artificial.
“La universidad va a cambiar”, aseguró.
Según su visión, el acceso a la información y al conocimiento especializado será cada vez más democrático gracias a las nuevas tecnologías. Por ello, el verdadero valor diferencial estará en aquellas capacidades que difícilmente podrán ser reemplazadas por una máquina.
“Lo importante será imaginar cosas, plantear conexiones, crear. La gente que piense así será la que va a prevalecer”, afirmó.
La rectora sostiene que las universidades deberán enfocarse cada vez más en desarrollar pensamiento crítico, creatividad, ética, liderazgo y habilidades humanas que permitan interpretar contextos complejos y tomar decisiones responsables.
Precisamente, la ética es uno de los aspectos que más le preocupa frente al avance de la inteligencia artificial. Ágreda advirtió que el desarrollo tecnológico plantea enormes oportunidades, pero también riesgos significativos si no se establecen mecanismos adecuados de gobernanza.
“La ética en el uso de la inteligencia artificial es un tema vital para la humanidad”, señaló.
La proliferación de contenidos falsos, los deepfakes, la manipulación de información y el uso indebido de datos personales son solo algunas de las preocupaciones que ya forman parte del debate global.
Para Ágreda, la gran pregunta no es únicamente hasta dónde llegará la tecnología, sino cómo la sociedad será capaz de utilizarla de manera responsable.
En ese escenario, considera que el desafío de las universidades será formar profesionales técnicamente competentes, pero también ciudadanos capaces de actuar con criterio, valores y sentido de responsabilidad.
“Las competencias humanas serán más importantes que nunca”, concluyó.
Su reflexión deja una idea central: en un mundo donde la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, el verdadero diferencial seguirá siendo profundamente humano. La capacidad de imaginar, crear, cuestionar y actuar con ética será, probablemente, la habilidad más valiosa del futuro.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 16/06/2026