Levantar capital desde Bolivia: las barreras que Corina Marion quiere transformar en oportunidades

Publicado el 30 sep 26 - 12:00 AM UTC.
Levantar capital desde Bolivia: las barreras que Corina Marion quiere transformar en oportunidades
Levantar capital desde Bolivia: las barreras que Corina Marion quiere transformar en oportunidades

La presidenta de BOCAP y Managing Partner de Babasú Ventures conversó con Nueva Economía sobre las barreras que enfrenta el capital emprendedor en América Latina, el desafío adicional de levantar inversión desde Bolivia y la necesidad de construir un ecosistema que permita identificar, financiar y proyectar el talento local.

Hablar de emprendimiento suele llevar rápidamente a conceptos como innovación, startups, tecnología y escalabilidad. Pero detrás de una empresa que busca crecer existe otra conversación menos visible: ¿quién está dispuesto a invertir?, ¿qué tan difícil es conseguir capital desde América Latina? y, sobre todo, ¿qué sucede cuando el proyecto o el fondo que busca ese financiamiento tiene a Bolivia como punto de partida?


Sobre esas preguntas giró parte de la conversación que Corina Marion, presidenta de la Asociación Boliviana de Capital Semilla y Emprendedor (BOCAP) y Managing Partner y cofundadora de Babasú Ventures, sostuvo durante su visita a las oficinas de Nueva Economía, junto a nuestra directora, Carola Capra.


Economista con una maestría en Políticas Públicas por Georgetown University, Marion ha construido una trayectoria vinculada al desarrollo económico, el emprendimiento y la inversión. Actualmente dirige Babasú Ventures, un fondo de venture capital basado en Bolivia y con tesis regional, desde donde busca identificar oportunidades en mercados emergentes y tradicionalmente menos atendidos de América Latina.


Su trayectoria también ha sido reconocida fuera del país. LAVCA la incluyó entre sus Top Women Investors in Latin America en 2024 y 2025, reconocimiento que destaca a mujeres que participan activamente en las decisiones de inversión de capital privado en la región.


Pero durante la conversación, Marion puso el foco menos en los reconocimientos y más en las barreras que todavía existen para quienes intentan levantar capital desde esta parte del continente.


Levantar capital desde Bolivia: las barreras que Corina Marion quiere transformar en oportunidades


El capital no llega a todos por igual

Una de las reflexiones más directas de Marion tiene que ver con la dificultad para conseguir financiamiento.

“El capital en Latinoamérica, el capital VC, es caro. Del total de startups que hay en Latinoamérica, un 1% a 2% logra levantar.”


Desde su experiencia recorriendo encuentros de venture capital y buscando recursos para un fondo nacido en Bolivia, sostiene que el acceso al capital continúa concentrándose en los mercados latinoamericanos que ya cuentan con ecosistemas más desarrollados y antecedentes de compañías exitosas.


Brasil aparece como uno de esos polos. En contraste, los ecosistemas nacientes deben competir no solamente por demostrar que cuentan con buenos proyectos, sino también contra la percepción de riesgo asociada a su mercado de origen.


Para Marion, crear Babasú Ventures como un fondo basado en Bolivia, pero con una tesis de inversión regional, respondió precisamente a esa realidad.


“Hacer nacer a Babasú Ventures como un fondo basado en Bolivia, con tesis regional, donde no tenemos unicornios, no tenemos IPOs, es un acto para venir a complementar algo que estaba faltando.”


La lógica parte de una necesidad: contar con inversionistas locales capaces de identificar oportunidades, realizar el análisis previo y enviar una señal de confianza a fondos internacionales.


“No hay nadie mejor que el inversionista local para conocer a los locales”, sostiene.


Cuando ser boliviano también entra en la ecuación del riesgo

La conversación avanzó hacia un punto particularmente sensible: cuánto pesa el país de origen al momento de buscar inversión.


Marion recordó una conversación con un mentor cuando comenzaba su recorrido como gestora de fondos. Él le planteó tres barreras que tendría que enfrentar: ser boliviana, ser mujer y ser una first time manager, es decir, estar levantando y gestionando un fondo por primera vez.


Con el tiempo, asegura, comenzó a comprobar cuánto puede influir el origen en las decisiones de inversión.

“Nos hemos vuelto exportadores de talento porque ellos mismos dicen: no tengo ninguna oportunidad basándome en Bolivia o siendo boliviano.”


La consecuencia, explica, es que algunos fundadores terminan trasladándose al exterior o incorporando socios de otros países porque perciben que eso puede mejorar sus posibilidades de acceder a capital.


“Si eres un equipo de puros bolivianos, te cuesta mucho. Y esa es una realidad.”


No lo atribuye únicamente a un prejuicio. Desde la perspectiva de un inversionista, explica, cada decisión implica evaluar riesgos y los países con ecosistemas menos desarrollados, menor disponibilidad de capital y menos casos previos de éxito parten con una dificultad adicional.


El desafío, entonces, es demostrar que el talento existe aunque no provenga de los mercados, universidades o redes que tradicionalmente concentran la atención de los inversionistas.




El talento que todavía no estamos viendo

Ese es precisamente uno de los temas que más preocupa a Marion: los denominados underrepresented founders, fundadores subrepresentados que pueden estar ejecutando buenos proyectos, pero que no pertenecen a los círculos donde tradicionalmente se mueve el capital.


“Hay talento, pero no tiene estos contactos, no viene de estas universidades, está haciendo muy buenas ejecuciones, pero no está siendo identificado, no está siendo visto.” Para ella, el desafío del venture capital debería ser también ampliar esa mirada.


Su propia relación con el emprendimiento nació mucho antes de convertirse en gestora de inversiones. Tras regresar a Bolivia en 2004 y experimentar personalmente lo que significaba emprender, comenzó a trabajar en programas que la llevaron a evaluar miles de iniciativas y conocer empresarios de diferentes regiones del país. Fue allí, recuerda, donde comenzó su “amor por la Bolivia emprendedora”.


“Gracias al mundo de los soñadores es que las cosas se realizan. Si no hubiera esta gente creativa que se anima a hacer las cosas, que se arriesga, ¿qué sería de nosotros?”


Marion compara al emprendedor con un “científico de empresas”: alguien que formula hipótesis, prueba, se equivoca, vuelve a intentar y aprende hasta encontrar una solución que funcione.


Curiosidad, capacidad de aprendizaje, disciplina y velocidad de ejecución aparecen entre las características que considera fundamentales. En el mundo de las startups, esta última se vuelve todavía más determinante. “Emprender, hablando de startups, es un negocio de rapidez. ¿Quiénes son los más exitosos? Quienes saben ejecutar muy bien y rápido.”


La inteligencia artificial, señala, está acelerando aún más ese proceso al reducir barreras que antes obligaban a los fundadores a depender de grandes equipos técnicos desde las primeras etapas.


Bolivia como laboratorio

Para Marion, Bolivia enfrenta una limitación evidente por el tamaño de su mercado. Sin embargo, esa misma característica puede convertirse en una ventaja cuando el emprendimiento nace con una perspectiva regional.


“Bolivia es un laboratorio. El mercado no nos da para hacer cosas muy grandes, a gran escala. Entonces este es un laboratorio para equivocarse rápido y barato.”


La clave está en que las startups bolivianas no sean concebidas únicamente para atender el mercado nacional. En su visión, una startup nace precisamente con la capacidad de escalar, crecer rápidamente y eventualmente ser adquirida. Eso exige mirar hacia otros mercados desde etapas tempranas y construir equipos capaces de competir regionalmente, pero para conseguirlo no basta con buenos emprendedores, se necesita un ecosistema.


Levantar capital desde Bolivia: las barreras que Corina Marion quiere transformar en oportunidades


BOCAP: construir institucionalidad antes que protagonismo

Ese es también el desafío que Marion asumió recientemente desde la presidencia de BOCAP.

Su prioridad para la gestión es clara: institucionalizar la asociación y convertirla en un punto de articulación entre inversionistas y otros actores vinculados al emprendimiento.


“Quisiéramos que el ecosistema trabaje de una manera más articulada y coordinada. Y eso no se ha logrado.”


La visión es que BOCAP pueda convertirse en una puerta de entrada al ecosistema boliviano, conectando fondos, inversionistas, incubadoras, aceleradoras, corporaciones y emprendedores, siguiendo experiencias que ya funcionan en otros mercados latinoamericanos.


Marion plantea que el primer paso es fortalecer la estructura institucional para que esta trascienda a quienes temporalmente ocupan sus cargos. “Si logramos eso en mi gestión, que son dos años, yo ya me siento feliz, porque de ahí en adelante la institución va a prevalecer independientemente de quién esté a la cabeza.”


Y detrás de esa visión aparece otro concepto que atravesó toda la conversación: servicio.

Para Marion, construir ecosistema significa también compartir conocimiento, convertirse en puente y abrir las conexiones propias a otros emprendedores.


“¿Cómo no hacer ese puente?”, se pregunta.

Su respuesta resume buena parte de una trayectoria que pasó de las políticas públicas al emprendimiento y luego a la inversión: cuando las conexiones correctas se producen y son bien aprovechadas, “ahí es donde la magia sucede”.


En un ecosistema que todavía enfrenta dificultades para acceder a capital internacional, la apuesta de Marion pasa precisamente por eso: hacer visible el talento que existe, profesionalizar las decisiones de inversión y construir desde Bolivia los puentes que permitan que más emprendedores puedan competir fuera de sus fronteras.

Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 30/09/2026