RECUPERACIÓN MÁS INCLUSIVA

El coronavirus provocará un aumento significativo de la desigualdad del ingreso y pondrá en peligro los avances alcanzados en la reducción de la pobreza. Por esto, las autoridades económicas deben poner sus esfuerzos para promover una recuperación más inclusiva.
La Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, señala que para aminorar las desigualdades, los gobiernos deben focalizarse en tres prioridades: estímulos fiscales para impulsar el crecimiento y el empleo, mayores inversiones en educación, y aprovechar el poder de la tecnología financiera.
En un artículo reciente, Georgieva sostiene que las grandes epidemias suelen agravar la desigualdad del ingreso ya existente y que en las actuales circunstancias, los hogares de menores ingresos corren riesgo de ser afectados por el desempleo, la desnutrición, la interrupción de los servicios escolares y la marginación de oportunidades.
Estimaciones iniciales señalan que 100 millones de personas de todo el mundo podrían caer en la pobreza extrema, suprimiendo así todos los avances en la reducción de la pobreza alcanzados en los últimos años.
Durante la primera fase de la pandemia, los países adoptaron medidas de política extraordinarias para salvar vidas y proteger medios de subsistencia. En la etapa de recuperación, se requerirá un aluvión similar de reformas e inversiones para mejorar significativamente las perspectivas económicas de los más vulnerables.
“Necesitaremos un estímulo fiscal que redunde en beneficios para las personas. Esto significa aumentar la inversión pública en los servicios de salud para proteger a los más vulnerables y reducir a un mínimo los riesgos derivados de epidemias futuras. También significa reforzar las redes de protección social; ampliar el acceso a una educación de calidad, agua limpia y saneamiento, e invertir en infraestructuras climáticamente inteligentes”, apunta Georgieva.
Recomienda proteger el futuro de los niños con mayores inversiones en educación que tienen incidencia directa en la calidad de vida. Esto supone inversiones para mejorar la calidad de la educación, el acceso al aprendizaje y la capacitación para adquirir nuevas habilidades. La recompensa por estos esfuerzos puede ser enorme en términos de crecimiento, productividad y nivel de vida.
La pandemia ha provocado una migración en masa a las digitales, pero sus beneficios no han llegado a todo el mundo, y todo apunta a que uno de los legados de la crisis será una mayor brecha digital. Es prioritario ampliar el acceso de los hogares de bajo ingreso y las pequeñas empresas a los productos financieros.
Llegar a los más vulnerables puede resultar complicado en las economías en desarrollo, donde casi el 70% del empleo es informal, pero es ahí donde abundan las oportunidades para las tecnofinanzas. Gran parte de los adultos sin cuentas bancarias poseen teléfonos móviles que, si son incluidos al sistema de pagos, permitiría alcanzar un mayor grado de bancarización.
El FMI señala que cuanto mayor es el acceso al financiamiento y la tecnología, mayor es la movilidad intergeneracional del ingreso. El diferencial de crecimiento del PIB es de 2 a 3 puntos porcentuales entre los países financieramente inclusivos y aquellos que no lo son tanto.
Nota editorial: Por Grupo Nueva Economía · Última actualización 17/06/2020